Language Learning

¿Alguna vez te has sentido agotada mentalmente al hablar en otro idioma?

El sábado pasado, en el Paella & Language Exchange, me senté en una mesa con una chica alemana que, además de alemán, habla perfectamente inglés y holandés, encima tiene muy buen nivel de español y ahora se ha puesto las pilas con el francés. En definitiva una crack de los idiomas. También estaba con nosotras un chico que quería mejorar su inglés. Al ver que ambas estábamos aprendiendo nuestro quinto idioma, nos dijo que él se sentía a menudo mentalmente agotado cuando llevaba un rato hablando en inglés, cosa que tiene que hacer por su trabajo. Y nos preguntó: «¿Vosotras también os sentís exhaustas al hablar en otro idioma?«. Mi respuesta fue: «Me he llegado a sentir tan agotada mentalmente que me he quedado dormida hablando y hasta se me ha caído la babilla».

Si piensas que eso no es posible, aquí viene mi historia:
Llegué a Noruega con un buen nivel de inglés teórico (o sea escrito y leído), pero sin poder hablarlo con fluidez, ni entenderlo perfectamente cuando me hablaban. Situación de pesadilla cuando tienes un trabajo de cara al público y tu autoexigencia no te permite cometer errores.

Me pasaba los ratos libres escuchando podcasts, que había descargado en mi iPod, y repitiendo todos los ejemplos y conversaciones que salían de mis auriculares. Daba igual si tenía toda la tarde libre para practicar o solo el rato que tardaba en ir de mi casa al trabajo, ese iPod estaba que sacaba humo.

Al llegar al trabajo escuchaba a los clientes con los cinco sentidos y repetía lo que me pedían para asegurarme de que lo había entendido correctamente. A veces hasta me parecía notar pinchazos en el cerebro, como si estuviera forzando tanto las neuronas que estas terminasen por estallar como las palomitas de maíz.

Un día, quizá llevaría en Noruega un par de semanas, conocí a Guillermo, un español que llevaba allí 15 años, nos pusimos a hablar un rato y nos caímos bien. Él estaba casado con una ucraniana y tenían una niña de apenas un año. Una pareja súper agradable que terminó invitándome a tomar «fika» en su casa al día siguiente. («Fika» es como una merienda, pero que se puede hacer a cualquier hora del día, generalmente se toma café y un dulce)

Como siempre, fui hasta allí escuchando los podcasts para aprender inglés y repitiendo todo. Mi único objetivo era aprender cuanto más rápido mejor. Al llegar, nos sentamos en el sofá y empezamos a hablar en castellano. Mi cerebro, al usar un idioma de sobra conocido, se relajó tanto que me quedé frita mientras hablaba con mi nuevo amigo. Al despertar, pensé que con un poco de suerte ni se habría dado cuenta de mi cabezadita, pero enseguida comprobé que llevaba un buen rato durmiendo profundamente y que ¡hasta se me había caído la babilla en el sofá! De hecho, Guillermo, en vistas de que más que conversar lo que yo necesitaba era descansar, se había puesto una peli, de la cual yo solo vi el final…

Afortunadamente, ese agotamiento mental duró poco más de un mes. Poco a poco mi cerebro se fue acostumbrando a usar el inglés a todas horas, incluso soñando, y hasta empecé a aprender noruego.

Para poder hablar un idioma fluídamente y sin sentirse exhausto, el cerebro necesita crear nuevas conexiones neuronales. Esto se consigue con la práctica, cuanto más se practica un idioma (hablar, escuchar, escribir y leer) más rápidamente se crean esas conexiones que hacen que puedas pensar en ese idioma y así dejar de traducir todo en tu mente antes de poder hablar.

Si tú también quieres crear nuevas conexiones neuronales mientras te diviertes charlando con nativos y disfrutando de un delicioso Brunch, sigue este enlace.

Y tú, ¿alguna vez te has sentido agotada mentalmente al hablar en otro idioma? Compárte tu historia con nosotros ya sea en los Intercambios de idiomas ONLINE, o en el Brunch & Language Exchange de este domingo 21 de febrero. Y si quieres ver tu historia publicada, nos la puedes mandar a info@speakquick.es 

Un abrazo,
Aina